lunes, 5 de mayo de 2014

El Desapego

“La felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de la naturaleza de los acontecimientos en sí” (Anthony de Mello)


Ciertamente el desapego es un ejercicio que no se practica muy a menudo en nuestra cultura, es por eso que a muchos todavía esta palabra les suena como algo extraño y un poco “esotérico”.
Para poder describir el desapego, primero debemos definir qué es el apego. Según las tradiciones orientales el apego es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.
Si miramos a nuestro alrededor y en nuestra vida nos damos cuenta que estamos apegados a todas las cosas: materiales, emocionales, a las personas a nuestro alrededor, es decir condicionamos nuestra felicidad a las circunstancias externas, y es por eso que nos frustramos y desanimamos. Vivimos la vida en búsqueda de la felicidad pero nunca la conseguimos de manera permanente porque la hacemos depender de personas, cosas y circunstancias ajenas a nosotros mismos. Tanto es así que hay quienes que en la frustración de esta búsqueda terminan creyendo  que no existe la felicidad completa, sino que es solamente una emoción que va y viene, a la que podemos acceder de modo parcial en el tiempo, es decir que no podemos llegar a un estado total de felicidad. En lo personal difiero de esta creencia, creo que la felicidad completa existe, que constituye nuestro estado natural como seres humanos y que el sentido de la vida radica en recobrar ese estado que hemos olvidado.
 Es verdad que no podemos ser felices sin las otras personas, somos seres sociales y necesitamos de los demás y las relaciones con otros para estar completos. Sin embargo la felicidad depende de cada uno, es un trabajo personal. Nadie tiene la capacidad de hacer feliz a otro a menos que ese otro lo autorice y le dé un espacio privilegiado en su vida. Muchas veces no somos conscientes del tremendo poder que tenemos, somos amos y señores de nuestra felicidad y podemos acceder a ella en cualquier momento, la clave está en practicar el desapego.
El desapego en lo concreto es comprender que todo es transitorio, que nada permanece: ni las personas, ni los afectos, ni las cosas materiales,  por lo tanto que la felicidad va más allá de todo eso, está en el presente esperando ser descubierta por nosotros momento a momento, solo por el hecho de existir, de estar vivos, independiente de nuestras circunstancias. Aprender a vivir en el presente disfrutando cada minuto como si fuese el último es practicar el desapego.

El entrenamiento para liberarnos de la ilusión del apego tiene que ver con revalorizar nuestra vida, aprender a darle el peso que le queremos dar a cada cosa, elegir cómo queremos mirar la vida e interpretarla a nuestro favor. Un ejercicio que les doy a mis pacientes para lograr esto es cambiar el “debo” o “tengo” por el “quiero” y  “voy”, dejar las excusas de lado, salir de los pensamientos negativos y repetitivos para permitirnos ser felices en el momento presente con lo que tenemos y somos ahora; esto no es “conformarse” ni dejar de hacer planes para aspirar a ser mejores sino en aceptar y amar lo que ya somos y disfrutar lo que ya tenemos para dejar de buscar la felicidad en el futuro y encontrarla en el presente que es el lugar donde vive.  ¡Recordemos que ya somos perfectos, el problema es que no lo sabemos!

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